Para qué nos vamos a engañar. A lo largo de mi existencia, he tenido en más de una ocasión la sensación de que justo en el momento en que me siento a gusto y feliz con lo que es mi vida y lo que hago con ella, ocurre algo (de mayor o menor gravedad, pero siempre muy duro) que “me fastidia” los planes, me “rompe” ese buen momento y me obliga a reinventar y replantearlo todo... Uno de esos acontecimientos de “No es justo, ¿por qué a mí?”
Pues bien, ahora me encuentro en uno de esos momentos.
Vale, es cierto que ahora el replanteamiento es sólo provisional, que esta vez el contratiempo no ha sido tan dramático como para no dejarme continuar en lo que estaba una vez pasado el bache. Pero sería absurdo no admitir que, a pesar de la relativa escasa gravedad del asunto (especialmente si lo comparo con algún otro de esos momentos que decía antes), me ha afectado bastante este parón. No me lo esperaba en absoluto y me ha pillado a contrapié. Y he llorado y me he lamentado. Bastante además. Tenía todo el derecho. No era justo...
Pero ya pasó el disgusto y la justificada pataleta. Pasó el momento del lamento. Ahora prefiero verlo desde otra perspectiva y empezar a reflexionar sobre los “para qué’s”(mucho más productivos que los “por qué’s”, ¡donde va a parar!). Porque esto, obviamente, ha ocurrido por algo/para algo. Seguro.
A ver, a ver, recapitulemos...
Quizá, últimamente, se me han olvidado algunas cosas, se me han desdibujado un poco los objetivos, se me han ido deslizando entre los dedos sin querer las razones por las cuales estaba donde estaba. No es fácil evitar la distracción cuando la estimulación alrededor es tanta, tan novedosa, tan variada y tan gratificante... Además, tampoco es malo dejarse llevar de vez en cuando por esa estimulación y vivir, VIVIR, si la vida ofrece nuevas experiencias en ese momento. Eso también es parte del proceso. Aunque se corre el riesgo de estancarse uno ahí y perder de vista lo demás, lo verdaderamente importante...
Así que de aquí, ya puedo sacar un buen “para qué” de un fémur roto: Volver a mí, volver adentro, recordar quién soy y qué quiero conseguir, recordar cuáles son mis recursos, qué herramientas tengo, de esas muchas que he ido recopilando por el camino... Y usarlas, sobre todo usarlas.
Otro buen “para qué”. La familia, los amigos, los amantes..., en fin, la gente y mis relaciones con ella. Los tropezones vitales son momentos privilegiados para (re)descubrir quiénes son realmente “nuestra gente” y quiénes sólo “conocidos” o gente “que pasa por ahí”.
Y esta vez me he sentido literalmente desbordada por el cariño, el apoyo y la ayuda incondicionales. De muchos y variados sitios, algunos esperados, otros insospechados. De modo que con este “para qué” he podido darme cuenta/recordar lo afortunada que soy con la gente que me rodea, con la gente que me he ido encontrando por el camino, especialmente aquí en Zamora, pero también en Galicia, mi otra casa. Y sentir gratitud hacia la Vida y el Universo que me las han ido trayendo. Por eso aprovecho ahora para decir, desde el fondo de mi corazón, GRACIAS.
Aunque también ha ocurrido otro efecto. Y es que en otros casos, la gente se ha colocado en su sitio, o mejor dicho, este bache me ha dado la oportunidad de ver un poco más allá de lo inmediato y de aprender (YO) a colocar y recolocar mis relaciones con algunas personas en un lugar más adecuado de mi vida. Eso que ya iba aprendiendo acerca de las propias expectativas sobre otras personas... Pues eso. Y procurando lidiar en ese “recolocamiento” con los dramatismos innecesarios. Grandes maestros sin duda.
Así que bueno, aunque apareció un bache en el camino que me hizo tropezar, ya me voy poniendo en pie (de momento, de forma metafórica, dentro de poco será literal, ¡seguro!).
Y de regalo me llevo unos cuantos “para qué’s”.
miércoles, 5 de junio de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
Levantando el vuelo.... (una breve presentación)
Siempre es duro enfrentarse a la página en blanco, y más aún cuando uno tiene la sensación de que esa página representa el comienzo de una nueva etapa de su vida. Una etapa diferente, emocionante y muy esperada. Da un poco de vértigo...
Creo que hemos comenzado esta aventura juntas en el momento preciso, cuando las dos estábamos preparadas, ni antes ni después. Hace seis o siete meses, al llegar a Santiago, hubiese sido incapaz de ponerme en la tarea de pensar única y exclusivamente en mí misma y en mi objetivo, había cosas que debía resolver antes.
Esos primeros meses fueron duros a ese nivel personal e interno, pero me sirvieron para darme cuenta de cosas que debía entender:
- "Estás sola, éste es tu proceso, nadie puede ni debe vivirlo por ti",
- "El dolor que creemos que nos causan los demás, está muchas veces causado por nosotros mismos, por las expectativas (nuestras y de nadie más) que nos creamos sobre los demás y sobre nuestra relación con ellos".
Bueno, yo me entiendo...
Pero ahora estamos aquí, justo cuando y donde debíamos estar, después de un largo camino.
Primeras sensaciones en estos tres primeros meses de trabajo: “toma de tierra”, bajar al suelo de las nubes, toma de conciencia de mi cuerpo a un nivel muy físico. Intuición, como sensación INEQUÍVOCA en el vientre. Vuelta a mí misma, aprender a escucharme (escucha a esa intuición, escucha a mi cuerpo que me habla) y sobre todo, aprender a “fiarme” de lo que “escucho” y hacerle caso... ¡Casi na!
Creo que hemos comenzado esta aventura juntas en el momento preciso, cuando las dos estábamos preparadas, ni antes ni después. Hace seis o siete meses, al llegar a Santiago, hubiese sido incapaz de ponerme en la tarea de pensar única y exclusivamente en mí misma y en mi objetivo, había cosas que debía resolver antes.
Esos primeros meses fueron duros a ese nivel personal e interno, pero me sirvieron para darme cuenta de cosas que debía entender:
- "Estás sola, éste es tu proceso, nadie puede ni debe vivirlo por ti",
- "El dolor que creemos que nos causan los demás, está muchas veces causado por nosotros mismos, por las expectativas (nuestras y de nadie más) que nos creamos sobre los demás y sobre nuestra relación con ellos".
Bueno, yo me entiendo...
Pero ahora estamos aquí, justo cuando y donde debíamos estar, después de un largo camino.
Primeras sensaciones en estos tres primeros meses de trabajo: “toma de tierra”, bajar al suelo de las nubes, toma de conciencia de mi cuerpo a un nivel muy físico. Intuición, como sensación INEQUÍVOCA en el vientre. Vuelta a mí misma, aprender a escucharme (escucha a esa intuición, escucha a mi cuerpo que me habla) y sobre todo, aprender a “fiarme” de lo que “escucho” y hacerle caso... ¡Casi na!
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