Siempre es duro enfrentarse a la página en blanco, y más aún cuando uno tiene la sensación de que esa página representa el comienzo de una nueva etapa de su vida. Una etapa diferente, emocionante y muy esperada. Da un poco de vértigo...
Creo que hemos comenzado esta aventura juntas en el momento preciso, cuando las dos estábamos preparadas, ni antes ni después. Hace seis o siete meses, al llegar a Santiago, hubiese sido incapaz de ponerme en la tarea de pensar única y exclusivamente en mí misma y en mi objetivo, había cosas que debía resolver antes.
Esos primeros meses fueron duros a ese nivel personal e interno, pero me sirvieron para darme cuenta de cosas que debía entender:
- "Estás sola, éste es tu proceso, nadie puede ni debe vivirlo por ti",
- "El dolor que creemos que nos causan los demás, está muchas veces causado por nosotros mismos, por las expectativas (nuestras y de nadie más) que nos creamos sobre los demás y sobre nuestra relación con ellos".
Bueno, yo me entiendo...
Pero ahora estamos aquí, justo cuando y donde debíamos estar, después de un largo camino.
Primeras sensaciones en estos tres primeros meses de trabajo: “toma de tierra”, bajar al suelo de las nubes, toma de conciencia de mi cuerpo a un nivel muy físico. Intuición, como sensación INEQUÍVOCA en el vientre. Vuelta a mí misma, aprender a escucharme (escucha a esa intuición, escucha a mi cuerpo que me habla) y sobre todo, aprender a “fiarme” de lo que “escucho” y hacerle caso... ¡Casi na!
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